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El trastero [entries|archive|friends|userinfo]
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Criticando a la crítica [Aug. 11th, 2008|12:42 pm]
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Si algo nos ha enseñado la democracia, es que la mayoría casi siempre se equivoca. Que ese monstruo informe al que llamamos "gente" es estúpido por naturaleza. No sabe apreciar la buena música, ni la buena literatura, ni el buen cine, ni ninguna de las cosas que merecen la pena de este mundo.

Por fortuna, quedamos unas cuantas personas a las que no nos da miedo decir que El código Da Vinci es una mierda, o que los programas del corazón son basura. Ahora bien, ¿hasta qué punto es objetivo el juicio acerca del arte? Porque una obra de ingeniería, un producto de la ciencia, se puede juzgar objetivamente en función de su utilidad práctica, o su resistencia, o su potencia. Pero, en las difusas fronteras del arte, ¿cómo saber que es el nuestro criterio (el de una minoría, al fin y al cabo) el correcto, mientras que casi todo el mundo se equivoca?

Nos complace pensar que somos más inteligentes que "ellos", que nos hemos informado mejor, que nuestro criterio está mejor fundado que el suyo. Porque a todos nos gusta sentirnos especiale. Entonces, el mal arte, ¿le gusta a la mayoría de la gente porque es una basura, o nos empeñamos en creer que es una basura porque le gusta a la mayoría de la gente? ¿Por qué tenemos nosotros más derecho a juzgar que ellos? ¿No será El código Da Vinci una de las mejores obras de literatura de la historia? ¿Y el reggaetón la mejor música que se está produciendo en la actualidad? ¿Y las telenovelas sudamericanas la nueva piedra angular del cine?

¿No nos estaremos engañando meticulosamente para evitar enfrentarnos al hecho de que no somos mejores que nadie?
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Rutinas [May. 14th, 2008|12:55 am]
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Con qué facilidad se acomoda uno a las rutinas, por poco que le gusten. Sí, ya sé que cada X tiempo escribo un texto hablando de rutinas, lo cual no deja de ser paradójico, pero no por saberlo lo voy a dejar de hacer.

Y no importa cuánto viaje, veo o viva uno, cuánto crea haber crecido interiormente, cuánta experiencia cargue sobre sus espaldas. Al final, uno termina volviendo al lugar de donde salió, y cuando vuelve ve que nada ha cambiado, y de algún modo acaba creyendo que nada ha cambiado tampoco en él. Nos autoconvencemos de que somos las mismas personas que se fueron porque no aguantaban más esa rutina, y de ese modo volvemos a caer en ella, al margen de lo que nuestra huída nos haya podido aportar.

Y es que no aprendo. No importa lo que haga o cuánto crea haber descubierto acerca de la vida o de mí mismo, ni cuántas promesas me haga acerca de encarar el resto de mi vida de otra manera, a la luz de la nueva sabiduría que imagino haber adquirido. Siempre acabo hundiéndome en el mismo charco de mierda, tropezando en las mismas piedras, aguantando las mismas gilipolleces. Y sí que es cierto que lo que he vivido me ha aportado experiencia y perspectiva, pero cuando intento extrapolar esa perspectiva a mi vida cotidiana, a lo que podríamos definir como mi "estado de reposo", siempre la acabo cagando. Por más que aprenda, no aprendo a aplicar lo aprendido. A ver quién es capaz de repetir la oración anterior tres veces con un polvorón en la boca.

No, tampoco es que mi rutina sea un infierno. Pero, de algún modo, me impide ser yo mismo. Me siento atrapado en todo lo que me rodea. Atrapado por esta carrera que odio y que no consigo acabar. Por esta ciudad que cada día tiene menos que ofrecerme. Por estos amigos de toda la vida (y ojo, que lo que estoy a punto de decir es terriblemente cruel) que ya no tienen apenas nada que ofrecerme, y con los que cada día me aburro un poco más. Y me jode, porque ellos son (en su mayoría) unos tipos cojonudos a los que no me merezco. Pero aún así, ya nos hemos contado casi todo lo que nos teníamos que contar.

Ojalá pudiera llenar la mochila y largarme tranquilamente lo más lejos posible, hacia ningún futuro en particular, sin ningún plan, abierto a todas las posibilidades. Como cuando me fui a Barcelona, pero para unos meses en lugar de una semana. Exactamente como cuando me fui a Granada, con poco más que lo puesto, a empezar de cero. Pero no puedo. Me atan una carrera que tengo que acabar, unos padres a los que no puedo decepcionar, un piso que pagar, una ortodoncia que revisar periódicamente. Y, por último, una escasez absoluta de recursos económicos que no puedo subsanar si quiero seguir intentando (con escaso éxito) sacarme la jodida carrera.

Aquí cualquier persona sensata me diría que me jodiese y aguantase un año más, esperase a terminar con la ortodoncia, acabase la carrera y me largase a donde me diese puta la gana con mi título de ingeniero bajo el brazo. Y a lo mejor acabo haciendo eso. Pero como lo de conformarme nunca ha sido lo mío, pienso probar antes todo lo demás que se me ocurra. Me equivocaré, sí. Probablemente la cague y me caiga con todo el equipo. Y al final se me irá todo a la mierda, claro.

Pero me importa un carajo.
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Barcelona [May. 2nd, 2008|02:14 am]
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Ya estoy de vuelta en el sur que me vio nacer. En estos pocos días en la ciudad condal he tenido tiempo de ver la rambla, el castillo de Montjuic, la estatua de Colón, el puerto olímpico, el barrio gótico, el Raval, la catedral, la iglesia de Santa María del Mar, el mercado de la boquería, la Sagrada Familia, el parque Güell, el Arco del Triunfo, el parque de la Ciudadela, la Barceloneta, el parque del Laberinto, y otro puñado de cosas que probablemente esté olvidando. Y si no he visto más ha sido porque mis doloridos pies y las ganas de tomarme unas cervezas con tranquilidad me han aconsejado lo contrario.

Y sin embargo, lo mejor que me llevo de este viaje no tiene nada que ver con los lugares que he visitado. Lo mejor de un viaje siempre es la propia sensación de estar viajando, de estar marcando un pequeño antes y después en nuestra vida, de haber ensanchado nuestros horizantes y sentirnos (sea cierto o no) un poco más sabios.

Hace un tiempo escribí (aunque creo que no aquí) que lo más importante de un viaje es con quién se comparte. Lo cual en cierto modo es muy triste, porque uno puede viajar hasta el fin del mundo, y encontrarse en el lugar más bello sobre la faz de la Tierra, y aún así la belleza del momento la decidirá en gran medida la persona que tengamos al lado. Pero también es muy bonito, especialmente cuando (como yo) se viaja sólo, pero se va a ver a gente.

Todas esas conversaciones trasnochadas, esas tertulias de sobremesa, esas charlas de bar de las que he disfrutado en este viaje, no se hubiesen producido si no hubiese escapado de mi rutina habitual y me hubiese colgado la mochila al hombro. Tampoco habría conocido a la gente que he conocido, ni hubiese convertido meras simpatías en auténticas amistades. Si no hubiese arriesgado la seguridad de mi cama por la precariedad de un sofá que ni siquiera estaba seguro de que fuese a estar a mi disposición, estos días hubiesen sucumbido a mi habitual rutina y dentro de un mes estarían ya sumariamente condenados al olvido.

Por eso, aunque no haya podido ver todo lo que quería, ni hacer cuando deseaba, ni quedar con todas las personas con las que quería quedar, tengo que considerar este viaje a Barcelona como una de las mejores decisiones que he tomado en mucho tiempo.
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Tiempos poco interesantes [Apr. 21st, 2008|12:36 pm]
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Vivimos en malos tiempos para la aventura. Al principio de este tinglado que se llama humanidad, uno podía irse al pueblo de al lado y descubrir que tenían costumbres diferentes, hablaban un idioma distinto y probablemente adoraban a otros dioses. A poco que uno estuviese dispuesto a caminar unos cuantos días por tierras desconocidas, podía encontrarse con culturas completamente ajenas a la suya, deseosas de recibir noticias de tierras lejanas, de las que podía aprender y ampliar su visión del mundo.

Hoy en día, con dinero suficiente, uno puede plantarse en cualquier parte del globo en cuestión de horas. Podemos estar en la callejuela más escondida del barrio más recóndito de Estambul, y siempre encontraremos un Mac Donald's en que tomarnos una hamburguesa y una coca-cola light. Hasta en el rincón más perdido de África encontraremos a simpáticos milicianos portando AK-47 occidentales. Y si somos demasiado vagos para ir hasta allí, siempre podemos mirar por internet cómo son las gentes de esos lugares lejanos, cómo viven, visten, comen y en qué demonios creen. E incluso observar sus tejados con el Google Earth.

Ya no queda en todo el mundo nada nuevo que ver. Los lugares más lejanos están al alcance de cualquiera que pueda pagárselos. Esto es especialmente irónico, porque precisamente las personas más interesadas en enriquecerse suelen ser las que menos interés tienen en conocer lo que está más allá de lo que sus ojos pueden ver.
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[Dec. 28th, 2007|03:03 am]
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Me he dado cuenta de que mis amigos tienen mucho mejor concepto de mí que yo mismo. Lo cual tiene lógica, porque ninguna persona que tuviese peor concepto de mí del que tengo yo querría jamás ser mi amigo.
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Estoy borracho: no me lo tengáis en cuenta [Dec. 16th, 2007|05:26 am]
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No hay nada como hacer un examen en sábado y pasarse un fin de semana sólo en un piso para reencontrarse con el aburrimiento. De hecho esta tarde me he visto no menos de tres capítulos de Perdidos, hasta que he reparado en que uno de los personajes se apellidaba Hume. Así que, de alguna forma, he acabado escribiendo un larguísimo texto en el que ponía a parir cada postulado de David Hume, porque yo lo valgo. No, no voy a colgar el texto en cuestión aquí, en parte porque me parece una pedantería rebatir a un genio, y además porque soy de ciencias y carezco de autoridad moral (y no digamos ya intelectual) para hacerlo.

Y esta noche, inevitablemente, he tenido que salir a emborracharme. Y es que para combatir el aburrimiento no hay nada mejor que quedar, sin pretenderlo, con dos amigas simultáneamente, y después tener que hacer malabares para no quedar mal con nadie. Ahora que lo pienso, suelo hacer más amistad con las mujeres que con los hombres. Quizá sea porque, entre mujeres, no es necesario asistir a esa competición por "ver quién la tiene más grande" (metafóricamente) que se da entre varones. O quizá es que las féminas, probablemente debido a mi fealdad, no saben ver en mí más que un amigo.

En cuanto a mi fealdad, seamos sinceros: yo no me veo feo. Tampoco guapo, claro, pero personalmente no me avergüenza mi aspecto físico. Pero los hechos no mienten: teniendo en cuenta la corrección política imperante, si tantas personas a lo largo de mi vida me han llamado feo, directa o indirectamente, no pueden estar todas equivocadas. Por otra parte nunca, a todo lo largo y ancho de mi vida, nunca le he gustado a una mujer (ni a un hombre) por mi aspecto físico. Quizá sí por otras cosas, pero nunca por mi aspecto.

Todo esto viene (quizá, porque lo cierto es que no coordino demasiado bien mis pensamientos) a que yo quería quejarme de que hace muchos meses que no entra en mi vida ninguna mujer que merezca la pena. En serio, ninguna. Así pues, al menos de momento, no sería que yo no le gusto a nadie, sino que no encuentro, por más que busco, una mujer que me guste realmente. Necesito, si no ya enamorarme, por lo menos tener verdaderas ganas de follarme a alguien. Hasta de eso estoy desganado.

No obstante, reconozco que esta es una mala noche para quejarme de mi vida sexual, teniendo en cuenta que he vuelto a cruzarme con una mujer que me interesó en su momento, amiga de otra que me ha interesado esta noche, y que mañana probablemente me tome un café (que menos da una piedra) con alguna de las dos. Así pues, sed felices, que yo me voy a dormir la mona, a fin de poder levantarme mañana resacoso y arrepentirme de todo lo que he escrito.
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La línea de salida [Nov. 13th, 2007|03:13 am]
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Los comienzos siempre tienen algo de mágico, de único, que los hace especiales. Es con una buena primera frase con lo que nos conquista un buen libro. Es un primer viaje lo que nos descubre lo grande que es el mundo que nos rodea. Un primer beso lo que nos encadena a su piel.

Todos los inicios están llenos de esperanzas, de ilusiones, de promesas. Es justo antes de materializarse cuando más prometedores parecen nuestros proyectos, antes de que la cruda realidad se encargue de sacudir nuestros castillos en el aire y nos obligue a fortificarlos o derruírlos. Unos instantes antes de empezar a correr es cuando más seguros estamos de ganar la carrera.

Imagino que forma parte del espíritu humano, soñar a cada momento con futuros mejores, o con mejores pasados. Porque el presente tiene algo que asusta, que nos hace querer olvidar su existencia para perdernos en ensoñaciones. Porque con el ahora no hay cábalas que valgan: lo que hay es todo lo que hay. Y cuando uno quiere mirar a la vida con optimismo, no hay nada como sembrar ese futuro tan incierto con éxitos y reinvenciones de uno mismo.

Pero no creo que sea un desprestigio ser un soñador. Es más, opino que, si no hubiese personas capaces de imaginar ese futuro mejor que tanto les alienta, sería imposible mejorar el mundo en que vivimos. Por tanto, lo mínimo que podemos hacer aquellos que (como yo) estamos quizá demasiado viejos y cansados para soñar, es tender una mano a los que tienen las agallas de encarar las tempestades e imaginarse un mañana mejor.
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Penúltimo post sobre Granada [Nov. 6th, 2007|01:36 am]
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Muchas veces me he preguntado qué es lo que me hace recordar con tantísima nostalgia mi estancia en Granada. Por qué lo considero un año tan malditamente bueno. Por qué echo tanto de menos lo que ocurrió allí, los lugares, la gente, la persona que fui hace apenas unos cuantos meses.

En este tiempo, me he dado a mí mismo varias respuestas convincentes y no necesariamente excluyentes. Cuando llegué a Granda, estaba lleno de miedo e incertidumbre. Y ese curioso desasosiego de no saber qué va a ser de mí al día siguiente se mantuvo, con los altibajos inevitables, durante todo el tiempo que viví allí. Creo que es esa sensación de estar en la cuerda floja, ese cosquilleo en el alma, lo que más echo en falta ahora en Murcia. Más que a la ciudad en sí, que a los bares, que a los amigos que hice allí. Esa incertidumbre me mantenía espabilado, me hacía sentir vivo. Ahora, que vuelvo a saber a qué atenerme, qué puedo esperar de cada uno de mis amigos y qué debo hacer en cada momento, algo me falta. Mi vida es una comedia ensayada en la que todo el mundo hace bien su papel y no hay lugar para la improvisación.

Obviamente, el tiempo además de dar perspectiva, deforma y maquilla nuestros recuerdos. Generalmente (y esto es algo que nunca podremos agradecerle lo suficiente), a mejor. Soy consciente de estar idealizando mi estancia en Granada, de estar recordando sólo lo bueno y dejando de lado lo malo. Y hubo muchos momentos tristes, llenos de soledad, de rechazo, de desidia. Hubo muchas ganas de no hacer nada y de mandarlo todo a la mierda. Pero la distancia me permite hacer balance, y no puedo evitar admitir que, en general, es muy bueno. Sería injusto no reconocerle a la suerte que, por una vez, me sonrió amablemente.

Hay muchos factores por los que este año en Granada me parece tan bueno. Las personas que conocí allí son uno. Lo que aprendí acerca de mí mismo, y los obstáculos contra los que me medí, otro. La belleza de la ciudad, y sus maravillosos bares, otro más. Y aún otro, que fácilmente podría haberme pasado desapercibido pero no ha sido así, el hecho de que yo era consciente en todo momento que esa experiencia tenía fecha de caducidad. Que en cuanto llegase el verano todo acabaría. Siempre he dicho que lo efímero es mucho más hermoso que lo eterno.

Claro que estaba la opción de quedarme en Granada, pero sabía que no sería lo mismo. No tenía muy claro dónde estarían ninguna de las personas que me importaban al año siguiente. Y no concibo Granada sin ellas, por más que siga siendo preciosa y sus bares sigan sirviendo las mismas tapas. Además, yo tenía una vida aquí (una familia, unos amigos) que no quería desatender. Y estaban también, por supuesto, lo asuntos académicos y de convalidación de asignaturas. Pero, más que nada, creo que no me quedé en Granada por no manchar el recuerdo maravilloso que sabía que me llevaría de ella y del año que pasé allí. Porque quería considerar aquello una etapa, cerrarla, y poder recordarla siempre como uno de los mejores años de mi vida.
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Perspectiva [Oct. 13th, 2007|03:49 pm]
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Camilo José Cela no es, ni de lejos, uno de mis autores favoritos, pero su novela La colmena comienza con una frase, para mí, muy significativa: "No por perdamos la perspectiva, yo ya estoy harto de decirlo, es lo único importante".

A lo largo de mi vida, siempre he considerado la perspectiva (en su sentido más amplio) como algo muy importante. Hay que saber sentarse, al margen de todo, y mirar lo que nos rodea como si nos nos afectara, a fin de entender qué está pasando y qué es lo que queremos hacer al respecto. Las personas que no son capaces de este pequeño acto de abstracción, se acaban agobiando y estresando. Los manicomios, los centros de desintoxicación y los fondos de los ríos están llenos de personas así.

La perspectiva es una de las pocas cosas que aún no puede comprarse. Sólo la da la distancia, y esa distancia sólo se puede conseguir con tiempo o con espacio. Por eso, cuando quiero escribir sobre algo importante que me haya pasado (cosas que normalmente no subo a este blog, por cierto), siempre dejo pasar un tiempo prudencial, para que mi propio olvido haga de filtro y poder quedarme sólo con lo importante del asunto. Y por eso a veces uno necesita salir de su vida cotidiana y viajar a algún punto lejano, a fin de poder darse la vuelta y, una vez rota la rutina, poder decidir en qué nos estábamos equivocando.

La mayoría de los problemas que he tenido en la vida se debían, en realidad, a esta misma falta de perspectiva. Porque cuando uno no es capaz de ver las cosas desde otro ángulo, acaba tomándoselas demasiado en serio, y eso además de ser una pérdida de tiempo provoca úlceras, impotencia y un montón de cosas bastante jodidas. Si uno no es capaz de reírse de algo, es porque no lo ha entendido.

En fin, imagino que me estoy extendiendo sobre algo que imagino que a todos os resulta evidente. Después de todo, si escribís un blog, debe ser en parte porque sabéis lo diferentes que se ven las cosas una vez uno las ha escrito y puede verlas como si le hubiesen ocurrido a otro.

Todo esto viene a que estaba acumulando demasiada tensión y frustraciones, y de repente me he dado cuenta de que nada de lo que me preocupaba merecía realmente la pena. Al final, la vida no es más que un chiste que nos contamos a nosotros mismos. Procuremos al menos que tenga algo de gracia.
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Caridad vs. Necesidad [Sep. 22nd, 2007|02:40 am]
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Decía los griegos que sólo es posible hacer filosofía cuando los apetitos del cuerpo están satisfechos, porque si no, nos nublan la mente y no nos dejan pensar con claridad. Supongo que por eso se hinchaban a comer, beber y trajinarse a jóvenes efebos, aunque eso no venga al caso. La reflexión que yo quería hacer es que, si los apetitos del cuerpo no están medianamente satisfechos, aunque sólo sean los más básicos, tampoco es posible ser buena persona.

Y con esto no me refiero a que haya mucha gente por ahí que va mal follada y le hace la vida imposible a los demás, que la hay, sino a que cuando uno se siente mal, aflora lo peor que tiene dentro. La necesidad nos convierte en animales.

Esta reflexión viene a cuento de una historia que quería contar. Es una historia aburrida, íntima y triste, de esas que dejé de contar cuando convertí en amigos de la "vida real" a personas que leen este journal.

Aquel día salí de prácticas hecho una auténtica mierda. Esa noche había dormido poco y mal, me había levantado muy temprano y llevaba muchas horas metido en un laboratorio de ordenadores haciendo chorradas. Eran casi las tres de la tarde y mis tripas rugían como una jaula de leones. Para colmo, por cómo me dolía la cabeza, probablemente tenía algo de fiebre. Mientras me arrastraba a mi piso, mis únicas metas en la vida eran comer lo que fuese, tomarme un analgésico y meterme en la cama.

Por entonces vivía en una calle peatonal en la que siempre había un montón de coches aparcados. Mientras esperaba para cruzar el semáforo, pude ver una mujer ciega parada muy cerca de la puerta de mi piso, con aspecto de estar muy desorientada. Andaba unos pasos en cualquier dirección, hasta que su bastón tocaba con un coche mal aparcado, y volvía a detenerse, tratando de decidir que hacer.

Probablemente se había perdido. No me quiero ni imaginar lo que debe ser para un ciego encontrarse solo en una calle que no conoce y no saber cómo demonios llegar a ninguna parte. La gente pasaba junto a ella y fingía no verla. Me acerqué a ella para ayudarle. Nunca he hecho de lazarillo, pero supuse que tendría que tomarla del brazo y llevarla a su casa, o al menos al lugar más cercano que sí conociese.

Cuando estaba casi a su lado me paré, recordé cuánto asusta que alguien nos toque por sorpresa en la oscuridad, y pensé que debía hablar con ella antes. En ese momento mi dolor de cabeza, mi cansancio y mi hambre se aliaron para provocarme un mareo que casi me hace caer al suelo. De modo que, cuando me recuperé, quise creer que alguien vendría a ayudarla, o que llevaría un movil encima, y que yo no le hacía falta. Así que la dejé allí. Subí a mi piso, me tomé una pastilla, comí y me metí en la cama.

Pero no pude dormirme. Y la comida me sentó fatal.
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Desencuentros [Jun. 4th, 2007|01:21 am]
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Es una putada que, por mi peculiar forma de ser y de ver la vida, nunca le vaya a gustar a una mujer medianamente normal.

Y es otra putada que, por mi peculiar forma de ver la vida y de ser, nunca vaya a gustarme ninguna mujer mínimamente convencional.

Pero lo que realmente es una putada de padre y muy señor mío es que nunca me gusten las mujeres poco normales a las que les intereso, y nunca se interesen por mí las mujeres poco convencionales que me gustan.
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Dioses [May. 27th, 2007|02:09 pm]
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El Dios de la sociedad ya no es el dinero. Ha pasado a ser el yo. Nos han convencido de que somos tan sumamente especiales que lo merecemos todo, y por tanto deberíamos comprárnoslo todo. Darnos cualquier capricho. Decirle al mundo lo diferentes y maravillosos que somos.

Muy pronto la masturbación estará mejor vista que el sexo en pareja. Y cada noche nos arrodillaremos ante nosotros mismos y nos adoraremos, como a un nuevo becerro de oro.
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Otro escrito de borracho [May. 5th, 2007|03:34 am]
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Como ya he dicho alguna otra vez, el hecho de mezclar el journal con mi vida personal (esto es, con otras personas de carne y hueso), amén de muchas alegrías, me ha traído también algunos inconvenientes. Por ejemplo que ya no publico lo que me da la santa gana, sino que tengo un mínimo de cuidado de no molestar o preocupar a esas personas que me leen, me conocen y quizá hasta me aprecien.

Esto tampoco me supone un verdadero problema, porque paralelamente a este blog (y desde muchos años antes de su existencia) vengo escribiendo las chorradas que se me ocurren en archivos de texto que guardo en mi disco duro, y que no tienen pensado ser leídos más que por mí mismo. Y esta misma noche, tras escribir un rato en uno de esos archivos, me he fijado en un texto un poco anterior, y se me ha ocurrido que podría subirlo.

Es de hace un tiempo (tampoco mucho), pero aviso de que no tiene que ver con mi estado de ánimo actual, que es algo más positivo (y más sobrio) que el del texto en cuestión.

Otro texto escrito borracho y sin embargo inquietantemente lúcido )

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Flashback [Apr. 30th, 2007|02:47 am]
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Cada vez que regreso a mi pueblo tengo la delirante sensación de estar viajando en el tiempo. No históricamente (aunque sigue prácticamente igual que hace quince años), sino en el campo de lo personal. Tengo la impresión de que nada ha cambiado desde mis dieciséis años. Obviamente los años pesan y las resacas nos duran más tiempo, y mientras han aparecido caras nuevas por un lado han ido desapareciendo, sin hacer ruido, viejas amistades por el otro. Pero la esencia, esa pequeña rutina incrustada en los mismos adoquines que llevo veintidós años pisando, no ha cambiado un ápice.




Siguen los mismos bares de hace cuatro años, por ejemplo, en los mismos sitios de siempre. Aunque por unas causas o por otras mis amigos y yo cambiemos periódicamente de bar de confianza, siempre hay uno que consideramos nuestro hogar. Se sigue tomando café por la tarde a las cuatro, y seguidamente partidas de futbolín hasta que nos quedamos sin fuerzas o sin dinero. Por la noche, seguimos jugando al duro o haciendo botelleo (como se dice aquí) en la plaza de siempre.

De modo que cuando vuelvo no puedo evitar la sensación (no del todo agradable, pero desagradable tampoco) de que vuelvo a tener diecisiete años y no he avanzado nada en todo este tiempo. Y que todo son aún sueños por cumplir, y que aún no conozco mis propias limitaciones. Que todo es posible en ese futuro tan prometedor que nunca termina de tomar forma.

A día de hoy, echo la vista atrás y me siento relativamente orgulloso de a dónde he llegado. Por una parte muchos de aquellos sueños están sin cumplir, y es posible que así se queden. Sin embargo, también he conseguido cosas que nunca me hubiese atrevido a soñar.

Por tanto, me declaro en tablas conmigo mismo, pero a la vida la reto a otra partida.
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Orgullo vs. Prejuicio [Apr. 17th, 2007|04:28 pm]
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Estaba yo barriendo, esta Pascua, la parte trasera de la iglesia. La iglesia en cuestión es en realidad una nave industrial a la que le han metido un altar y puesto una cruz de madera en la pared del fondo. Como se queda pequeña, se abren las puertas de atrás (la entrada de camiones) y se ponen un montón de bancos en el aparcamiento (ahora patio de la iglesia).

Y allí estaba yo, con mi escoba, mis vaqueros oscuros y mi eterna sudadera de Los Suaves. Completaban el cuadro unas gafas de sol oscurísimas (que, por supuesto, ya he perdido) y el pelo enmarañado y mal recogido en una coleta. En esto que se me acerca una mujer del pueblo y me pregunta, desde una distancia prudencial:

- Perdone... ¿qué es esto que tenéis aquí?
- Pues somos un grupo de personas celebrando la pascua con unos misioneros javerianos.
- Pero... ¿esto es una iglesia?
- Pues sí. Ahí, en la puerta lateral, tiene el horario de celebraciones, por si le interesa.

La buena mujer me mira de arriba a abajo unos instantes más, y finalmente pregunta en voz baja:

- Pero... ¿cristiana?

Tentado estuve de decirle que éramos siervos de Satán, y que si tenía algún recién nacido, que lo trajese para el sacrificio un poco antes de las doce. Pero como no quería tener a la guardia civil allí en diez minutos y tener que explicarles toda la historia, preferí sonreírle, asentir y seguir concentrado en mi escoba.

Aquella misma noche, una viejecita (por lo demás, muy maja) se negaba a creer que yo hubiese hecho la ensalada murciana que había para cenar, y que gustó tanto. Porque en su esquema mental ya era difícil creer que hubiese hombres que cocinaran más allá de Carlos Arguiñano, pero que además lo hiciesen bien sin ninguna mujer que los supervisase, le resultaba del todo inconcebible.

Menos mal que yo se quién soy, y me gusta, y no suele apetecerme dar explicaciones a nadie. Porque si tuviese que amoldarme a lo que los demás esperan de mí, en menudo capullo tendría que convertirme.
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Aprendiendo [Mar. 5th, 2007|03:11 am]
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He pasado unos días bastante nefastos, sobreviviendo en medio de una hipocresía que jamás me creí capaz de sustentar. En realidad, creo que cuando uno engaña más por el bien de los demás que por el propio no se llama hipocresía sino diplomacia, pero me sigo sintiendo sucio. Necesito pegarle una ducha a fondo a mi alma, frotarla con fuerza y limpiarla tras las orejas y entre los dedos de los pies.

En estos días he aprendido muchas cosas. Que las personas pueden cambiar radicalmente en mucho menos de lo que esperamos. Que conocer a las personas es fácil, pero entenderlas es un trabajo de muchos años. Que el mundo esconde mucha mezquindad oculta tras la más creíble de las inocencias.

También creo haber comprendido que la única ayuda que se proporciona desinteresadamente es aquella que nadie, salvo uno mismo, es capaz de percibir. Es una ayuda que no hacer ruido, que nunca recibirá un "gracias", y que tiene la singular habilidad de alimentar el alma e impedir que nos terminemos de hundir en el fango que nos rodea.

Lo malo es que también he aprendido en estos días que toda la supuesta evolución de una persona, toda esa madurez que creemos estar ganando con los años y con la experiencia, puede no ser más que una ilusión de nuestro subconsciente que trata de rescatarnos de la triste realidad de que no hemos sido capaces de aprender nada de la vida.
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Amigos [Feb. 22nd, 2007|08:22 pm]
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Ninguno tenemos problema en besar a una persona que nos resulte atractiva en un determinado momento, ni en acostarnos con ella, sin importar que la acabemos de conocer o incluso que nos caiga fatal. Del amor al odio sólo hay un paso, al fin y al cabo.

Sin embargo, qué difícil es liarse con un amigo o amiga. Siempre hay demasiadas complicaciones, y por eso siempre acabamos eligiendo a desconocidos o a personas que no nos caen bien para compartir ciertas cosas, porque si nos cayesen bien, acabaríamos siendo amigos y ya no habría espacio para nada más. Porque por lo visto hay menos distancia del odio al amor que de la amistad a éste.

Y luego aún nos atrevemos a llorar en los hombros de esos mismos amigos o amigas con los que nunca querríamos nada de lo desgraciados que somos, y de que por qué no encontramos a nadie que nos convenga.
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Y hoy, un poco de Rousseau [Feb. 8th, 2007|12:24 pm]
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(Aviso: texto más denso de lo habitual)

Para paliar un poco el ánimo tan pesimista de los últimos post (aunque seguro que todos los que me leéis ya pensáis que soy un amargado, pero en fin), aquí va algo un poco más positivo. Llevo varios días queriendo escribirlo, pero como han sido unos días de mierda, no me sentía muy animado a decir nada especialmente bonito sobre la vida.

Decía hace poco que todos somos unos cabrones y unos egoístas. Bien, esto es cierto. Y además, cuando se junta una cantidad suficiente de personas, nos convertimos en ese monstruo maloliente y estúpido llamado gente, que siempre es desagradable y corre el riesgo de convertirse en una turba. Sin embargo (y esta es una de las razones que me permiten levantarme cada mañana sin odiar demasiado al mundo) considero que las personas, cogidas de una en una, son eminentemente buenas. Sí, soy así de iluso, ¿qué pasa?

Pienso que, del mismo modo que todos somos inherentemente egoístas (aunque esto no tiene por qué ser malo, claro: el egoísmo es parte de ese instinto de supervivencia que tanto necesitan la selección natural y la evolución), también somos todos irremediablemente empáticos. Todo ser humano es capaz de sentir amor, de sentir compasión, de ayudar desinteresadamente. Hay miles de ejemplos cada día a nuestro alrededor. Y el hecho de que estemos tan acostumbrados a verlos que ni siquiera nos demos cuenta no hace más que reafirmar lo que estaba diciendo: hay mucho bien en el mundo.

El caso es que las buenas acciones siempre hacen menos ruidos que las malas. Es común ver en el telediario noticias de alguien que ha matado a su cónyuge, pero nunca vemos a parejas que se quieren ininterrumpidamente desde hace 50 años y que siguen tan enamorados como el primer día. ¿Por qué? Porque eso, aunque parezca mentira, pasa más a menudo que los malos tratos, y por eso no es noticia.

Y habiendo en el mundo muchas más armas que seres humanos (estoy contando también las armas blancas, que matan igual que las de fuego), aún no nos hemos masacrado por completo unos a otros, lo cual es mucho más de lo que podría esperarse viendo las noticias y sabiendo lo hijos de puta que podemos llegar a ser los seres humanos.

En resumen, que en la vida hay muchísimos idiotas, un montón de ignorantes y bastantes capullos, pero hay muy pocas malas personas genuínas. En cambio, a poco que busque uno, pueden encontrarse ahí fuera seres humanos que merece mucho la pena conocer.

De modo que amáos unos a otros, coño, que os lo merecéis.
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Hoy, toca Hobbes [Jan. 30th, 2007|01:45 pm]
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- ¿Cuál es la parte más dura de un vegetal?
- La silla de ruedas.


Bien, ante todo, el chiste anterior no sólo es bastante malo, sino también cruel y desagradable. Pero, curiosamente, se lo sabe casi todo el mundo. Y además, a mucha gente le hizo mucha gracia la primera vez que lo escuchó. A mí el primero, que soy un gran amante de humor negro, dentro de ciertos límites.

¿Que a qué viene todo esto? Pues a decir que, en el fondo de todo ser humano, se esconde un grandísimo bastardo. Por eso la gente se apiña frente al televisor para ver muertos en el telediario, y gusta de chismorrear sobre las desgracias ajenas, y se inventa gilipolleces sobre los demás si no tienen nada malo que decir de ellos.

En este punto alguien puede levantarse y decir "ah no, yo no soy así". Pero imaginemos la situación: estamos hablando con un compañero de clase que nos cae bien, y nos dice "No veas si tengo bien preparado el exámen de mañana. Si se pudiera sacar un once, seguro que lo sacaba. Es imposible que no saque matrícula con lo empollado que lo tengo todo y lo listo que soy". Vale. Todos sabemos que, sin tener por qué dejarnos de caer bien el tipo en cuestión, en ese momento estaríamos mirándolo con los ojos entornados y pensando "Ojalá suspendieras, cabrón, y yo me enterase y me riese, y te deprimieses y te dejases la carrera".

¿O no es cierto? ¿No vemos carreras de coches con la secreta esperanza de que alguno se estrelle? ¿Y si no estamos mirando cuando se estrella, no decimos "mierda, me lo he perdido"? ¿Y no es divertido ver a alguien caerse y hacerse daño?

Y lo peor del caso, es que es maldad por el puro afán de la maldad. Porque todo ser humano es egoísta por naturaleza, y si sacáramos algún provecho del trapecista que se cae o del niño que se lesiona en el típico vídeo doméstico, sería más fácil de entender. Pero no, sencillamente es divertido, es agradable ver cómo los demás sufren, aunque luego nos arrepintamos, y cuando alguien dice "¡la silla de ruedas!" tratemos de contener la risa y poner cara de palo.

Resumiendo, que somos todos unos hijos de puta.
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[Dec. 30th, 2006|09:26 pm]
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Un loco es sólo un loco hasta que tiene seguidores. Entonces es un visionario.
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